viernes, 10 de abril de 2015

Cuando las lágrimas hablan, las palabras sobran.

Carta a mi Vocal



¡Buenas noches, Mateo!

Querido amigo, este año no has podido acompañarnos en nuestra estación de penitencia con todo el dolor de tu corazón. Así que he creído conveniente pasar a informarte de las novedades ocurridas durante la misma.



Como todos los años, nuestra Noche Nazarena comenzó a las dos de la madrugada, en la Plaza de la Constitución, un año más fueron los abrazos y los besos los protagonistas, estos últimos a pesar del berrinchoso de Robles que dice que los besos son para los m…………., ya lo entiendes. Nuestro primer toque tenía claro su destino, nuestro apreciado Alférez para que bajara y acompañarle tanto a él como a la Bandera de la Cofradía a San Francisco.

Posteriormente desayunamos en la cafetería Europa como siempre, un rato de descanso y charla, antes de enfilar la madrugá. Terminando como es costumbre con nuestra oración.

Seguidamente nos dirigimos a las Ocho Puertas, allí comenzaron a sonar nuestras trompetas anunciando que el Señor de Linares estaba  presto a salir para ver un año más a su pueblo. Al mismo tiempo esperábamos a la Banda para realizar nuestro acto de hermanamiento a los sones de Aida, himno de nuestra Cofradía por secula seculorum. La calle Peral hervía en un bullicio mientras ambos colectivos, Tercio y Banda se encaminaban juntos al antiguo convento franciscano.

Entramos a la parroquia por la puerta de atrás, como intentado no hacer ruido, allí estaba ÉL, todo a oscuras, tan solo iluminado por la luz de sus faroles dorados, el más grande, Nuestro Nazareno; resplandeciendo como un sol en el centro de nuestras vidas. Es momento de silencio, es hora de hablar a solas cada uno con ÉL, es hora de pedir por todos los nuestros y por nosotros mismos, de acordarse de nuestros padres que nos inculcaron en la vena esta pasión, es hora de agradecerle que otro año nos permita acompañarle, es hora de mirarle fijamente a sus ojos y decirle NO NOS OLVIDES. Un Padre Nuestro, un toque cristalino de nuestras roncas trompetas  en la quietud del templo, que pone los pelos como escarpias de terciopelo y vámonos a la calle, Linares le está esperando, no debemos hacerle esperar; este año dejamos a dos de nuestros más pequeños pretorianos, Juanjo y José Manuel, para que lo acompañaran hasta que saliera al cielo iluminado por la luna de Linares.

Bullicio en la plaza, inquietud, nerviosismo, rum rum; silencio, se abren las puertas, le han precedido tres golpes secos, fuertes y una voz desgarrada por la edad que grita “abrir la puerta al Nazareno de Linares”, majestuoso, sobre su canasto dorado, se desliza por las guiaderas que le hacen salir de su hogar: Delirio del pueblo, himno nacional y nosotros, tú ya sabes, que te voy a decir, a romper toca.

Suena una lira, silencio abisal, sólo el solo de trompeta, rompe la noche, está tocando Oración, comienza a mover su mano derecha, nuestras trompetas suenan ahogando todos lo demás  sonidos existentes, una tradición que cumple su cuatrocientos sesenta y tres aniversario, casi ná. Bendícenos Padre.

Otro año Señor, aquí , contigo, nuevas peticiones, lágrimas furtivas que no pueden retener los parpados de nuestros ojos, se deslizan como las gotas de lluvia por el cristal de una ventana tras la tormenta, abriéndose camino mejilla abajo, los hombres también lloran; ya estamos bendecidos, ¡vámonos palante!, te vamos a acompañar durante todo tu calvario, Nazareno de mi alma. Cada uno a su tercio y a su sitio, ordena nuestro cabo.

Este año he tenido el placer de dirigir un tercio que no estaba predestinado para mí, porque era el tercio predestinado para ti, como vocal que eres,  un tercio de colmillo retorcido. Te adjunto foto.


Pues estos señores se acordaron de ti en su primer toque “Este toque, el primero, va por nuestro hermano Mateo, porque nuestro Señor le ponga bueno pronto y el año que viene este aquí y nosotros que lo veamos. Estamos Señores. Arriba” el sonido lo pones tú, ese toque llegó al cielo.

La estación de penitencia transcurrió tranquila, echamos de menos tu humanidad y tu saber estar, dando fuerzas y ánimos durante toda la estación. Como hace pocos años, nos asomamos tímidamente al Paseo, como con vergüenza, como con miedo, cuantos Nazarenos se han hecho entre sus árboles y ¡Ay! y cuantos se están perdiendo, por aquellos que no respetan las tradiciones, dejados llevar  por los malos consejos, en la más popular de las tres bendiciones, porque es en esta donde los padres llevan a sus pequeños hijos para que observen la magnitud de EL SEÑOR DE LINARES. Para que sean bendecidos, no importa la Cofradía a la que se pertenezca, todos son nazarenos.

Llegamos a San Francisco, de verdad que son ya las dos de la tarde, que poco ha durado, aunque no decía lo mismo a las siete de la mañana. Se repiten las mismas escenas que en la salida, ya va para dentro, los labios reventados, ya fallan nuestras fuerzas, pero se da hasta el último aliento, hasta el final. Todo por ti Nazareno.

Es hora de abrazos, de dejar salir los sentimientos encerrados durante un año, todos hemos tenido problemas, pero ÉL nos ha permitido estar un año más aquí.

En definitiva mi querido vocal, la única novedad que hemos tenido, es que no has estado con nosotros. MATEO, Dios nos permita estar el año que viene, todos juntos de nuevo, mientras tanto recibe el más fuerte de los abrazos de tus Hermanos Trompeteros que te desean lo mejor. Animo. 
El Secre.


¡Aquí te queremos ver Hermano!


¡Señores, ¿estamos? Ésta va por nuestro hermano Mateo! ¡ARRIBA!








VIVAN LOS TROMPETEROS DEL NAZARENO!!!!
VIVA EL NAZARENO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
 

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